Historia

Hace más de medio siglo, un grupo de monjas dominicas residentes en Michigan EE.UU. tuvieron la idea y expresaron el deseo de fundar una institución educativa católica para llevar la enseñanza cristiana a un país de Latinoamérica. La inspiración de estas monjas coincidió con la presencia en Washington de Monseñor Pittini, Arzobispo de Santo Domingo, que deseaba encontrar un grupo de religiosas que quisieran establecerse en la República Dominicana para dedicarse a la educación de las jóvenes.

Un delegado papal, enterado de los planes de las religiosas dominicas, propició un encuentro entre la Madre Mary Gerald y Monseñor Pittini. Después de varias reuniones de los estudios y selección de los terrenos, la Madre Mary Gerald compró los terrenos con fondos de la orden religiosa. Un año después, comenzó la construcción de las edificaciones que albergarían al colegio, a cargo del ingeniero Humberto Ruiz Castillo y con la ayuda del Padre Rvdo. McEntee.

Las primeras religiosas que llegaron el 12 de Septiembre de 1945, fueron las hermanas Mary Phillips, Thomas Ann y Rudolf. Un año después arribaron al país las hermanas Helen Clair, Aquiline, Mary Madonna, Jean Anges, Demian, Maura Padraig y Thomas. Fueron estas hermanas las que comenzaron la docencia con 200 alumnos a partir del 4to. curso de primaria hasta el bachillerato, ofreciendo una educación bilingue, y la posibilidad de internado y semi-internado. El colegio comenzó a regirse por la política, procedimientos, regulaciones y programas del Providence High School adscritó al Instituto Salome Ureña.

Al principio sólo se construyeron los edificios Altagracia y Santa Catalina, actualmente el primero es el que ha tenido varias remodelaciones, y se espera seguir remodelando las demás edificaciones (Inmaculada y Santa Catalina), ya que tienen más de 50 años.

Durante más de 30 años, el colegio formó en sus aulas a las hijas de las familias más distinguidas y adineradas de la sociedad dominicana. En 1971 comenzarón clases de Bellas Artes y Secretariado, elevando las condiciones académicas.

En 1968, las Hermanas Dominicas declararon que “procuraban liberarse de tales posesiones de instituciones y de tales atribuciones en la operación de instituciones que puedan inhibirlas en su libertad de responder a las necesidades del Pueblo de Dios“. En consecuencia, el 30 de marzo de 1973 las religiosas avisaron, de manera formal a toda la comunidad educativa la decisión de transferir la propiedad y los títulos de propiedad, de forma legal, a la Arquidiócesis de Santo Domingo. Así, pues, la administración por parte de las Hermanas Dominicanas, se abría otra etapa en el Colegio Santo Domingo, que continuaba funcionando, sin embargo, con un personal docente muy calificado.